Varios elementos podría destacar de tal escena: el mate, la guitarra muda (reposaba sobre una silla, luego de haber entonado una chacarera), las chicharras que no entienden de armonía y solo cantan porque sí.
En vano intento graficar lo que había afuera, porque lo que hizo extraño este día fue la vorágine de pensamientos que despertó en mi mente.
¿Cómo lo explico? Era como si un vértigo intelectual impetuoso, terrible, me acechara.
Entendí que no podría soportar semejante agitación mental, sumido en el aletargado Enero entrerriano.
Escapé de esta inevitable condición irascible, profundamente humana, a través de mis auriculares.
0 Comentarios