Hace cierto tiempo, decidí que ralentizar el ritmo de mi vida sería algo bueno y necesario, y estoy contento por haber comenzado a transitar ese camino.

 Progresivamente, tomé conciencia de la velocidad a la que fluye la información en el mundo moderno del siglo XXI, y gracias a esto, me ahorré algunos problemas devenidos de esa aceleración.

 Creo que la ecuación que constituye esos problemas esta compuesta por una serie de variables:

    1) La resistencia biológica que presenta nuestro cuerpo ante tales cantidades de información.

     Es lógico pensar que, si 'venimos de los monos', y no tuvimos los miles de años suficientes para         adaptarnos a nuestras increíbles capacidades tecnológicas actuales, generaremos una fricción, ¿verdad?

  2) La incapacidad cultural y social para tomar esa fricción por las astas y enseñar, concientizar y regular al respecto.

    3) La lógica de la ganancia que motoriza el mundo, que intuyo, pone a su servicio nuestra tecnología y a las mentes brillantes que la crean.

 Éste cóctel es poderoso y su efecto, discreto. Quién lo beba queda incapaz de vivir el ahora y se evita una vida buena, una vida en la que se puede disfrutar el sol de la mañana, una charla hasta el sueño luego del sexo, o unos mates con un amigo y un buen paisaje, dejando que el momento
dure,
lo que tenga,
que durar.